Sangre, solo veía eso, esa sensación que tanto me gusta, los huesos rompiéndose, la carne abriéndose, los músculos estallando, era una sinfonía, mejor que cualquiera de Beethoven, no me miréis así, ese cerdo lo merecía, solo era un estorbo, un maldito borracho, un despojo de ser humano, no merecía la pena su vida, pues su propia familia quería su muerte, un jodido pozo sin fondo al que tenían que hechar el dinero que con todos sus esfuerzos les costaba ganar, por que el era "El cabeza de familia", mucho me temo amigo, que tu te has quedado sin cabeza para ese cuerpo seboso que habías conseguido a base de no hacer nada.
Esa noche la recuerdo muy bien, era de las más calurosas que tuvimos ese año, lo cual en parte me facilitó el trabajo, pues mi objetivo se cansaría más rápido que yo de correr, no soy de mucho pensar, prefiero hacer las cosas como se me pasan por primera vez por la cabeza, y en mi cueva a la que llamo casa de 30 metros cuadrados, se me pasó por la cabeza, rebentarle la suya con un bate de béisbol, y así fue, le seguí, hasta que se desvió por un callejón oscuro; siempre me ha resultado curioso, como las ratas y las cucarachas, con tal de huir se meten en sitios de los que inconscientemente saben, que no podrán salir, y por grande que sea la rata, todas lo hacen.
Le dí alcance, le pregunté si sabia por qué lo hacía, y como todos, dijo que no, si supieran lo que me enerva eso; si al menos aceptarían lo que han hecho, no sería tan drástico en mis métodos con ellos, pero parece que no aprenden, el como, al igual que el resto, no merecía la vida que los dioses le habían dado, y no es que me crea un dios para arrebatársela, todo lo contrario, es simplemente, que en la sociedad sobran muchas personas, y de vez en cuando hay que sacar la basura.
Ya estaba muerto, de la carrera mi respiración era agitada, y no prestaba mucha atención a lo que pasaba a mi alrededor, no me di cuenta de su llegada, pocas partes de mi cuerpo no estaban manchadas de sangre, así que no creo que pudieran reconocerme por el shock, pero este tío era distinto, sonreía, ni se inmutó ante lo que estaba viendo, estaba calmado, y sonriendo, y por primera vez en mi vida, un escalofrío que no conocía recorrió mi cuerpo, agarre el bate con más fuerza, por si volvía a tener que usarlo, pero no fue necesario, mi visitante me miró a los ojos, y con una sonrisa me dijo:
-Has sido muy descuidado…
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