jueves, 10 de julio de 2008

Recuerdo 1

Recuerdo que oía una respiración agitada al fondo del callejón. Hacía tiempo que no me acercaba a aquel barrio donde, durante tantos años paseé por ahí solo para evadirme de aquel mundo pestilente e inmundo que me rodeaba.

La noche cerrada ocultaba todo lo que en esa callejuela se encontraba. Recuerdo que aquella madrugada de julio fue una de las más calurosas de aquel verano tan…especial. La verdad es que ese fue el hecho que me hizo salir a la calle y dirigirme hacia el objetivo que me había impuesto. Poca o ninguna persona caminaba aquella noche de calor sofocante, y si por casualidad alguien decidía hacerlo, no sería alguno lo suficientemente sobrio como para recordar qué camino había seguido hasta su casa.

Cuanto más avanzaba por aquel callejón más podía oír la respiración. Aquella respiración entrecortada y ronca, que jamás olvidaré.

Ya casi había llegado al final del camino. Las frágiles farolas que hace tantos años había iluminado la calle con su esplendida luz, ahora apenas si refulgía un leve resplandor en su interior. Pero me iluminaron lo suficiente como para verlo.

Allí estaba, la silueta oscura de un muchacho levemente inclinada, cuyo torso subía y bajaba al compás de su respiración.

Estoy completamente seguro de que no oyó llegar mis pasos, pero cuando estuve lo suficientemente cerca como para sentir el olor de la sangre que le goteaba de las manos, el joven se giró y en la penumbra de la bocacalle, pude ver su rostro.

El largo cabello enmarañado enmarcaba su rostro. Un rostro salvaje, de ojos oscuros, y salpicado por el espeso líquido escarlata.

Al girarse pude vislumbrar como en su mano derecha descansaba un bate de beisbol completamente bañado en sangre, y a sus pies el cuerpo inerte de un hombre.

Pude deducir que era un hombre por su tamaño y sus ropas, y realmente porque reconocí aquel cuerpo fofo y pútrido. Aquel ser que ahora yacía, era mi objetivo.

Aun con la agitada respiración atenazándole el pecho, la expresión de su semblante era serena.

Yo estaba allí. Había visto el resultado de su brutal asesinato. Pero él no tenía miedo. Y yo tampoco. No se porqué, sonreí al ver aquel espectáculo tan maravilloso. Le miré a los ojos y le hablé.

-Has sido muy descuidado…-

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